Los movimientos de denuncia están fallando: se libran las mismas viejas batallas con los mismos pobres resultados [Deborah Doane/The Guardian]

[Sección dedicada a la responsabilidad social en The Guardian, «Guardian sustainable business»] Una traducción de Elikaherria. Difundimos este artículo de opinión como recurso para la reflexión. Elikaherria no se identifica necesariamente con la opinión de los artículos que recogemos o enlazamos [Anotaciones aclaratorias entre corchetes]

 

Según esta analista, la tendencia de los activistas a convertir cada acción de protesta en una lucha contra el gobierno o contra grandes corporaciones no está contribuyendo a un cambio a largo plazo.

¿A caso están funcionando las campañas? A menudo me formulan esta pregunta. En 2010, cuando era directora el Movimiento para el Desarrollo Mundial, fui entrevistada por la revista «The Ecologist» y era optimista sobre el crecimiento del activismo y las oportunidades del mismo para propugnar redes y acciones de solidaridad bajo un gobierno conservador. Pero estoy cada vez más convencida de que hemos estado usando los métodos equivocados en nuestras campañas, o que nos falta algo en conjunto.

¿Algunas evidencias de esto? Los grupos ecologistas que se ven luchando frente a inmensos retrocesos en políticas como las energías renovables; trabajadores del mundo textil que aún enfrentan condiciones de trabajo que ya fueron enormemente señaladas y denunciadas hace dos décadas; fuertes campañas contra la Organización Mundial del Comercio, y ahora nos hayamos ante un modelo aún más injusto, el TTIP o Tratado Transatlántico de Libre Comercio, que se cierne amenazante en el horizonte. Ganamos un par de campañas, en algunas de las cuales estoy muy orgullosa de haber estado involucrada, pero la dirección del viaje [del mal modelo de globalización] sigue siendo el mismo.

Hay tres razones clave por las cuales las campañas están fallando:

1. «The Thin Yes» [El fragil «Sí»] Muchas de los llamadas victorias en los últimos años han fracasado porque no han ido acompañadas de un profundo cambio a largo plazo en los valores. A mediados de los años 90, hundimiento del Brent Spar de la petrolera Shell  fue visto [y vendido a la opinión pública] como un punto de inflexión que sirvió para la transformación en la vida de la empresa, un alejamiento de sus prácticas dañinas, un paso a ser un «ciudadano corporativo» responsable. Hoy en día, Shell participa en la perforación petrolífera en el Ártico. La compañía no asumió de modo permanente valores, política y agenda para alejarse de los combustibles fósiles, por lo que volvió a las andadas. Rosie Walford, un entrenador de liderazgo en sostenibilidad, se refiere a esto como un «frágil sí». Es un sí en el aire, sin sentido, sin creerse el fondo del asunto. (…)


[Seguiremos traduciendo el artículo completo]

Puedes ver el original en inglés AQUÍ.

Foto ilustrativa: Protesta en Manchester (UK) contra los recortes en políticas sociales del gobierno británico. Andy Halsall-CC-By-Sa